Juego



Estoy apilando troncos
para tu lengua molotov.

Después cambiamos los papeles;
tú serás lluvia
yo animal sediento.


Prohibido entrar sin pantalones no tiene ni una cana




Maiakovski tenía dieciocho años, dieciséis dientes podridos, dos hermanas y un solo lector. Así empieza esta novela de Juan Bonilla sobre Vladimir Maiakovski, ese poeta gigante, ruso, que tenía la lengua en llamas y era pieza incómoda en todos los puzles. Menos en el suyo, claro. Poeta futurista sin futuro, ahogado por el presente y por una rutina que siempre parecía que estaba a la vuelta de la esquina.



Juan Bonilla, en mi opinión, el escritor actual más entretenido y talentoso, es el autor de varios libros de relatos Tanta gente Sola, La noche del Skylab o El que apaga la luz, novelas como Nadie conoce a nadie o Los príncipes nubios y libros de poemas como Partes de guerra o Buzón vacío. Y tenía que ser un escritor que maneja con soltura tantos lenguajes literarios el que hiciera un traje amplio, para que a Maiakovski no le apretara nada y así, su talento y su vida no quedaran limitados.

Juan Bonilla, que con 25 años publicó un libro que se llamaba veinticinco años de éxitos, ha sido capaz de unir una documentación abundante para dar andamios fuertes a la novela y por otro lado, tener la amplitud de miras para escribir con un lenguaje poético y hermoso en muchas partes, que incluye poemas del poeta ruso desparramados en medio de una narración de hechos objetivos, reales. Y ese es el punto medio. Ha sabido poner carne a los poemas de Maiakovski, a su imaginario, a su planeta literario y hacerlo cercano, no pura fabulación de escritorio sino literatura, poesía, puesta de pie en la calle, viva, que condicionó, de manera relevante, uno de los hechos históricos más importantes del siglo XX.

En esta revisión de su vida podemos ver cómo una persona arde en medio de una ciudad. Podemos ver, gracias al talento de Bonilla, cómo el hombre que partía los dientes a poetas contrarios por divertimento se convertía en perrito para su amada, la única, Lily, con la que formó un triángulo amoroso y literario junto a Osip, su marido.

Pero esta novela tiene un error,  y es que no descarga su intensidad, no rebaja el interés del discurso y todo en la vida de Maiakovski es interesante y potente. Cada hoja nos muestra un lado esencial del escritor, del amante y del revolucionario. El problema de esta novela es que rebosa, tienes que estar muy atento durante las 380 páginas, porque te puedes perder anécdotas que podrían dar lugar a escribir otra novela.

Pero mucho más allá de la propia vida y poesía de Maiakovski, en Prohibido entrar sin pantalones podemos leer, recortados de la silueta del poeta, el contexto de arte rabioso y fértil de los primeros vanguardistas (un tal Vasili Gnedov, en su poema El poema del fin, escribió, cuarenta años que John Cage lo hiciera, un libro con todas las hojas en blanco que recitaba en silencio, haciendo como que lee pero sin que ningún sonido salga de la boca), el cine y el teatro de la revolución (Meyerhold o Eisenstein), hechos poéticos de la revolución (como aquel juicio a Dios que Maiakovski y otros futuristas celebraron y que terminó con la condena a muerte por los múltiples genocidios que motivó y que acabó con un fusilamiento al cielo), y otros escritores contemporáneos (la odiada por Vladimir Anna Ajmátova, Bulgakov, Gorki o Aleksandr Blok), con los que luchó, amó y escribió su vida.

 

En definitiva os digo que me ha recordado a Rayuela, que una noche lo dejé encima de la mesa y a la mañana siguiente el suelo estaba lleno de poesía, que no conozco ningún personaje histórico tan brutal, tan intenso y tan poético como el que Bonilla nos trae en Prohibido entrar sin pantalones.