#MomentoMeki en la Plaza de la Cebada, Madrid

Justo hoy se cumple un mes del evento "Momento Meki", en el que varios poetas nos juntamos en el Campo de la Cebada de la Latina, en Madrid, para, a través de nuestros poemas, donar todo lo recaudado para construir una escuela en Etiopía. 




Más de 40 poetas nos colocamos frente a las máquinas de escribir (en turnos, desde las 11:00 de la mañana hasta las 19:00 horas de la tarde). Después, la gente que se acercó a la plaza nos pidió poemas sobre los temas que quisieron... y esto fue lo que pasó:







Geometrías


Yo era una línea recta,
un trayecto simple entre dos puntos.
Un recorrido lo más rápido posible y ella surgió del lenguaje de cuerpos de la ciudad para ser un vértice, un refugio.

Ahora soy tres puntos:
Nacimiento
Ella
Y la muerte, pero de este último no estoy tan seguro.

Ella es Jane Goddall enseñándome a hablar,
descubriéndome como eslabón perdido,
el primer animal de mi especie.  
Ella y el vértigo de su risa, un eco, que no se acaba. Soy la grupa donde ella galopa desnuda, la espuma de la ola de aquel mini de cerveza donde empezó el imán de los cuerpos.



Crece el territorio que somos, 
fertilizamos el vacío.

"Momento Meki", poetas unidos para levantar una escuela en Etiopía

Justo hoy se cumple un mes del evento "Momento Meki", en el que varios poetas nos juntamos en el Campo de la Cebada de la Latina, en Madrid, para, a través de nuestros poemas, donar todo lo recaudado para construir una escuela en Etiopía. 




Más de 40 poetas nos colocamos frente a las máquinas de escribir (en turnos, desde las 11:00 de la mañana hasta las 19:00 horas de la tarde). Después, la gente que se acercó a la plaza nos pidió poemas sobre los temas que quisieron... y esto fue lo que pasó:





Poesía vs Trabajo

digamos que necesitamos sobrevivir. Digamos que para poder llevar dinero a casa (ay, llevar a dinero a casa, como si esa casa fuera nuestra y no estuviéramos solamente de paso) hace falta hacer cosas que no nos gustan, que nos hacen tener sueño, que nos hacen estar malhumorados y ocupados. Pongamos que esto es así y que lo asumimos. Vale, ahora nos quedan 16 horas libres al día (como mucho).

Hay gente, todos los sabemos, que se dedican a lo que quieren. De verdad. Hay gente así. Gente que en lugar de bordear el curro se sumergen en él porque les encanta. Véase médicos, futbolistas, veterinarios, periodistas o cocineros o cualquier otra profesión que, a priori, no engancha tanto. Gente que recibe una remuneración a cambio de dedicar tiempo a hacer algo que les gusta, que les motiva.

Joder.

¿Y la poesía dónde queda?

Hace unos años, empecé a notar una pequeña mancha en el ojo derecho. La mancha aparecía siempre que enfocaba una pared blanca, como una aparición que se hacía visible solo en esos momentos pero que no me abandonaba nunca, camuflada en los colores oscuros. Con el paso del tiempo me he dado cuenta que dicha mancha sigue ahí, es como una grieta, diagonal, pero que cada día que pasa está menos presente.  
Digamos que la poesía aparece así y se queda en nuestro modo de ver el mundo. Se va asimilando, asumiendo. ¿Y con eso vale? ¿Nos conformamos con tener a la poesía para nosotros solos? No, claro que no. Queremos que todo el mundo sea partícipe de nuestra mancha, de nuestro modo de ver la realidad.

Pero la poesía no le importa a nadie. Al menos la nuestra. Lo que importa a quien lee poesía es LA PROPIA VISIÓN DE LA POESÍA. ESO. Todo lo demás son reflejos de este único modo de ver, el único que nos interesa.

Pero es que somos una minoría y no le importamos a nadie.



Para el mundo (ese montón de gente que está más allá de nuestros colegas, de nuestros “amigos” poetas y familia), la poesía es una puta mierda de hobby que tenemos algunos raros. Eso. Y si todo el mundo escribe, si todo el mundo tiene un blog, si cualquiera puede sacar su diario personal a la calle y ponerle un título cursi, ¿para qué tenemos la poesía? ¿Dónde la metemos? y, lo más importante, ¿por qué nadie tiene que pagar por la poesía que hacemos y que solo nosotros entendemos?

El vagón que transita mundo, de Olaia Pazos y Con versando, entrevista que le hizo Paloma Corrales

Ayer estuve viendo la obra de teatro de Olaia, El vagón que transita mundo, en el teatro del arte, en el barrio madrileño de Lavapiés. Después de verla, me quedó la sensación de haber visto a alguien que no es de aquí, sino de otro tiempo, otro espacio más limpio, más protegido. 



Es una desajustada, salvaje: libre. No mantiene el control en ningún momento porque las cosas buenas no mantienen el control. Olaia es otra cosa. Se mueve como acunada por un viento. Un viento que algunos hemos sentido alguna vez, pero que ella tiene dentro como los demás tenemos riñones, pulmones o recuerdos. Es una bestia y por eso hace lo que quiere. Pequeñita y rebelde. Amazónica y gallega y urbana y víctima. Heroína del nervio de la adolescencia camina, no, no camina, corre hacia adelante y nos enseña su viaje. 

Merece la pena, mucho. 

Y para que conozcáis a este animal de letras y brazos largos y hambrientos, aquí os dejo la entrevista que la periodista y poeta Paloma Corrales le hizo a Olaia en el bar Diablos Azules hace unos años: