Fichaje en Baile del Sol

He llegado a un acuerdo con la editorial tinerfeña Baile del Sol para que publiquen mi segundo poemario, ‪#‎Cercanías‬, en los próximos meses.



Estoy deseando debutar en las páginas de este gran equipo, y compartir cancha con grandes escritores admirados como Ana Pérez Cañamares, Jorge Riechmann, Antonio Orihuela, Inma Luna, Miguel Martínez López o Karmelo C. Iribarren, entre otros.

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Se hace un moño y lo convierte en asterisco, en punto de atracción, en desagüe de todas mis dudas. Un moño que libera la pista de aterrizaje que es su nuca, huerto de perfume aún sin cultivar. Nuca que encierra un siempre, un temblor, un acantilado circular y caliente.

Invoca el misterio de las tormentas y ahí está la contraseña del mundo, como el nudo donde coge fuerza la madera o preparar la hoguera para la noche. El malabarismo de sus dedos escondidos en su pelo, despejando el cuello de melocotón en curva.

Yo miro su cuello. Su sinceridad abierta como granada, igual de fresca. Algo escondido se escapa cuando quiere estudiar, o ver una película, o ponerse cómoda. Atrapa algo con ese juego de manos, enrollada la goma en su muñeca prepara el anzuelo,

el centro del mundo,


la piscina de todos mis trampolines.

Esta noche, en Diablos Azules

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Yo ya no sé quién soy desde que me habitas. Como aquellas casas que invade la selva, las puertas reventadas por tus troncos hambrientos y tus animales feroces haciéndose ovillos en mis esquinas. Me estás colonizando y yo te dejo pasar con los cerrojos abiertos, como vírgenes a punto de sacrificio. Mis cajones deshechos a tus pies para que puedas hacer la hoguera que nos caliente. Tu civilización entra a caballo en mis caminos. Aún no he adaptado las pupilas a tu brillo y solo veo reflejos de felicidad, tu luz entrando como pértiga en mi penumbra.


Siento lo mismo que la tierra cuando la siembran, cuando el cauce calma la sed y vuelve a conocer a sus peces. Así te recibo yo en los días de mañanas largas y camas eternas. Así nos frotamos la vida contra la frente, contra el pecho, quitándonos toda la sal que nos dejó el mar de la tristeza. 


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En tu pecho se ahogan fuelles cuando te hundes en el color azul de la noche. Pantera cercana con lengua diagonal de relámpagos.
Hay una televisión HD que tiene pesadillas con tus pupilas de millones de pianos cuadrados que hace cantar al viento. En ti se calla por fin la muerte y se aleja. Pies cruzados para decirme dónde dormiré en la noche central de mi médula cansada.

Todo esto es por tu lluvia, y todo aquello es por tu sequía. Domadora de circo que de niña pintaste las rayas del tigre y le dijiste juguemos. Tienes el escalofrío de la marea curioseando en la playa atado en la piel, y ese sonido no se te va, por mucho que uses desodorante de vida normal.

Si las piedras están huecas en el fondo es por tu río de miradas que rozan y rozan y rozan los días comunes y los dejan suaves como piedras de río o asa de cubo. Tener un gato que nos mire a los ojos y sea la metáfora de nuestro calor, la interrogación de nuestros días silábicos.

Esos árboles secos que ves por la calle dicen que ya llegó el invierno. De vez en cuando hacen falta estas señales para indicarnos lo que pasa en el mundo de fuera, lo que queda una hora más lejos que nuestro mundo.


En tu isla hay grutas submarinas que llevan tu nombre y donde gotea el sudor del chico que fui antes de conocerte. Que la civilización no te colonice y que te vuelva nómada en las praderas de mi pecho que yo plancharé para ti y donde quitaré culebras y cardos. En esa línea recta que nos sale de la bisectriz de tus ganas y mis ganas, de este tirachinas que somos con los ojos pegados y sin embargo diferentes como un papagayo y un pez de colores.

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Cuando ya no estemos, cuando nuestros cuerpos hayan traspasado el muro de lo invisible y solo quede de nosotros el silencio. En el mundo quedará una cicatriz en los lugares donde fuimos felices, como recuerdo de nuestra montaña rusa juntos. 

Isla arrastrada por la marea que encontró humedal y bosque, otra isla comunicada por un puente de espuma.

Hoy es dos mil quince y punto inicial de la bengala que coincidimos en crear, nadie sabe la profundidad de esta bañera que fuimos y que ya llega a océano. Se acaba este tiempo que bebimos hasta el último grano de arena de la sed. 


Juntos somos el nido que no se deshace, el montón de arena que salió andando de la playa y jugó con el coral a ser imposible. Tenemos un camino que acabará y tendremos los huesos blandos de tanto mojarnos con las lenguas, debilitados y alegres en la noche más fértil del mundo.