Automático 20/1/2019



porque me vienen las voces de tantos lugares solo necesito silencio y que el río se calme. Busco volver al camino donde me perdí, 
ausente de mí y devoto de ti, 
así me dijeron el querer, 
pon tus manos en la tierra cálida del camino y déjate llevar. 

Pero me fui tan lejos de mí que ya no sé volver. 
Atragantado de caminos en internet me pierdo. 
Atragantado de llamadas me ausento y estoy solo, 
sin poder empezarme de nuevo. 

Busco silencio pero antes intento de nuevo el cimiento de un amor que me haga tener destino, no ser sustancia amorfa y débil, 
un cuerpo extraño en la boca para que sea posible el aullido donde todo empieza. 

Te puse en el centro del asterisco, 
el centro del cimiento 
y encima yo
bailando las dudas calladas por tu sonrisa, 
creyente ciego del templo que eras. 

Solo tú y yo sabíamos los rincones del laberinto de la memoria única y compartida, 
solo tú y yo hicimos el juego de manos donde nos creímos tan dichosos. 

Y ahora que no estás siento esa memoria amputada y muda,
no consigo completar el puzle de aquel hogar que fuimos. 
Entrar tan dentro de ti y ahora todo oscuro sin la luz que fuiste. 

Estoy volviendo de la deriva, 
naúfrago que ensambla en la playa los restos del desastre y así se construye, 
se da sentido de nuevo, 
construye otro barco que es él mismo. 

Respiro largo cuando te recuerdo intentando expulsar los restos, vaciarme por fin. Solo en el vacío es posible el yo. 

Porque yo soy el que me importa ahora y aquí me empiezo.

Reseña de Un mundo al revés, de Rudolf Arnheim



En la novela publicada por la editorial logroñesa Pepitas de Calabaza Un mundo al revés, se nos muestra un salto sin red a la narración, una propuesta única y alocada en la que la premisa es, como muy bien podemos sospechar en el título, que TODO está al revés.

No es casual que el autor, Rudolf Arnheim, sea un conocido filósofo y psicólogo del arte. Especializado en investigar cómo percibimos las imágenes y cómo se relacionan con el lenguaje, tras su paso por la Italia fascista Arnheim debió quedar impactado y quiso mostrar el desconcierto de una sociedad en pleno proceso revolucionario y que acabaría en el horror más real y crudo.



En Un mundo al revés se nos muestra cómo un viajante llega a un país sin nombre y se encuentra una realidad distinta (nunca sabremos para qué quería llegar a ese país tan extraño) pero, a diferencia de otras novelas o relatos de viajes o de descubrimiento, lo que nos ofrece Arnheim es un cuestionamiento de todo. Sí, todo: ser rico está mal visto, hay que llevar máscara y dejar el resto del cuerpo a la vista salvo las manos, los medios de transporte van más lentos que las personas que van a pie, la población duerme de día y sale de noche, lo duro es blando, lo visible es transparente…

«La revelación suprema, sin embargo, fueron las manos. Según la costumbre, se llevaban enguantadas mientras se estaba entre desconocidos. Pero el envoltorio no ocultaba su viveza. Las manos exhibían los pensamientos, invisibles en el cráneo rígido, materializándolos en acción corpórea y mudando el espacio vacío entre el hablante y el oyente en todo un escenario. Al principio, cuando aún no le buscaba sentido, el exagerado juego gesticulatorio me era incómodo. Ahora aprendí a leerlo: a ver el ataque perforador del dedo índice erecto, a apreciar en las palmas alzadas y abiertas la confesión de la derrota y la impotencia».


Esta novela es un ejercicio deslumbrante de narración, de estirar la sorpresa y que abarque absolutamente todo. Como comentaba antes, la narración requiere una progresión y una evolución, tanto de personajes, como de emociones y realidad. El protagonista del relato va poco a poco este caleidoscópico mundo como si estuviera drogado o hubiera viajado a un mundo muy lejano…y ahí está la paradoja: pese a esta incredulidad inicial acabamos viendo una cierta sensación de cercanía, de cotidianeidad.

En esta narración, en este mundo, no hay una tergiversación de una parte de la realidad que condiciona al resto (como en otras novelas de ciencia ficción), sino que es más bien una tergiversación existencial, kafkiana, que busca la experimentación y mostrar el lado oculto de la realidad para mostrar el sinsentido de su presente (de cualquier presente).

Estamos acostumbrados, en novela, a tener una línea de tiempo donde el sujeto descubridor progrese y crezca, pero en Un mundo al revés, donde todo tiene una apariencia opuesta y desconcertante, sin embargo, hay humanidad.

Como en este poema de Nicanor Parra, que podría resumir perfectamente la atmósfera que se respira en la novela:
EL HOMBRE IMAGINARIO


El hombre imaginario
vive en una mansión imaginaria
rodeada de árboles imaginarios
a la orilla de un río imaginario

De los muros que son imaginarios
penden antiguos cuadros imaginarios
irreparables grietas imaginarias
que representan hechos imaginarios
ocurridos en mundos imaginarios
en lugares y tiempos imaginarios

Todas las tardes imaginarias
sube las escaleras imaginarias
y se asoma al balcón imaginario
a mirar el paisaje imaginario
que consiste en un valle imaginario
circundado de cerros imaginarios

Sombras imaginarias
vienen por el camino imaginario
entonando canciones imaginarias
a la muerte del sol imaginario

Y en las noches de luna imaginaria
sueña con la mujer imaginaria
que le brindó su amor imaginario
vuelve a sentir ese mismo dolor
ese mismo placer imaginario
y vuelve a palpitar
el corazón del hombre imaginario

En definitiva, lector, supongo que querrás saber si, más allá del experimento literario y narrativo, está bien la novela, si es aburrida o divertida, y si merece la pena viajar a este mundo complejo y desconcertante. Pues, sorprendentemente, sí. Me parece una novela muy divertida, no cansa, y la novedad continua llega a normalizarse cuando en la novela aparece la madre de todas las rarezas: el amor.  

Traducción del alemán de Richard Gross
Logroño, octubre 2017
Primera edición
ISBN 978-84-15862-96-3
264 págs., 14x21 cms.
Encuadernación: rústica con solapas
PVP: 20,80€