Presentación de Miguel Martínez López en «A Vallecas en verso»



Andaba yo ilusionado por haber sido invitado al Centro Cultural Paco Rabal de Vallecas cuando apareció el majo de Miguel Martínez López, poeta, amigo y compañero en estos tejemanejes de las palabras. Y me escribió esta presentación que no puedo no compartir aquí junto a algunas fotos del evento:


DESCRIPCIÓN OBJETIVA:
Jorge García Torrego. Mide en torno a los 180 centímetros y pesa unos 70 kilos. Jorge García Torrego nació en Miraflores de la sierra, provincia de Madrid en 1986. Es licenciado en periodismo por la universidad San Pablo CEU Y tiene un máster en investigación y formación en literatura y teatro en el contexto europeo en la UNED.
Ha escrito los libros de poemas:
Ojo y ventana con Canalla Ediciones en 2014, Cercanías, Baile del Sol 2016, El ensayo Convivir poesía / conbeber poesía, El fenómeno poético de las jams sessions en el Madrid del siglo XXI, Amargord. Y su último y más reciente libro: El despertador de Sísifo con la editorial Lastura publicado en 2019
Más cosas objetivas no digo porque las descripciones objetivas son un rollo así que paso a la subjetiva.
DESCRIPCIÓN SUBJETIVA:
La primera vez que vi a Jorge fue en Diablos Azules hará casi 10 años, los dos sosteníamos una cerveza en una mano y en la otra unos folios temblorosos. Leíamos allí nuestros jóvenes e ilusos poemas. Éramos mucho más noctámbulos y un poco más guapos. En aquellos tiempos no había decenas de recitales a la semana, no existía Instagram y si decías en ciertos contextos que escribías poesía parecías un friki de otra época. Jorge tendría veintipocos años, pero yo solo con verle sabía que estábamos perdidos. Porque él ya tenía esa mirada. La mirada del entusiasmo. Entusiasmo viene del griego enthusiasmós y quiere decir llevar un dios dentro, estar poseído. Los griegos consideraban entusiasmados a los profetas, a los enamorados y a los poetas. Pero yo añadiría una categoría más. Los pirómanos. Jorge tenía cara de pirómano. La cara del pirómano que ha visto por primera vez el fuego. Esa fascinación primordial. A Jorge le había picado la araña de la poesía y ya estaba contagiado. Yo lo miraba con curiosidad y algo de miedo porque estaba empezando y veía en sus ojos el tamaño del monstruo.

Desde entonces hasta hoy hemos seguido al pie del bolígrafo, han venido más cervezas, más micros y la poesía nos ha hecho moderadamente infelices que diría Bolo. He podido escucharle y leerle muchas veces y ver cómo el poeta Jorge García Torrego crecía, pero siempre desde aquel impulso inicial. Eso es lo que más admiro en sus poemas, el impulso. No ha perdido el impulso. Ha subido la apuesta. No se ha conformado. Para mí entre todas las tensiones que atraviesan un poema hay una fundamental. El poema está siempre entre dos polos. Luego está el ritmo, que es la velocidad a la que uno camina hacia alguna dirección, pero direcciones en el fondo para mí solo hay dos:
Hacia el norte, dónde está la imagen centelleante, imprevisible, la belleza incendiada, los esguinces a la prosodia, el espasmo creativo. El lenguaje como un animal que se muerde a sí mismo.
Y hacia el sur, donde está el sentido, las palabras de la tribu, la deuda que tiene la poesía con el mundo real, con la vida, con maldecir y bendecir lo que nos pasa los martes en la oficina.
Pues bien, Jorge quiere ir al norte y al sur. Ese ha sido siempre su impulso. Quiere estar arriba y abajo. Ser el tigre que mata y la gacela muere. Llover mucho y ser el paraguas. Sabe que esto es un juego imposible y a lo imposible se juega con las reglas de lo imposible. Yo también quise eso. Yo también quiero eso. Crear belleza y que esa belleza nos alumbre, nos destruya y nos cobije. Eso es de una ambición desmedida. Eso es puro entusiasmo. Eso es bastante imposible. Lo peor de todo es que el cabrón, lo consigue.
Con ustedes Jorge García Torrego: 












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