29/04/2020

Grace Hartigan & James Schuyler (poet), Tiber Press (2)



Los atragantados de incertidumbre, los que nos salimos del camino asfaltado, los que salimos por la noche, los que nos colamos en la piscina municipal, los que de 1 moneda de salario sacábamos media moneda para libros y la otra para caos, los que no pudimos subir a la zodiac que golpeaba el calendario y derrotaba su oleaje de días repetidos. 

Somos nosotros los que no tenemos casa, los que coleccionamos contratos de alquiler, los del éxodo de la especulación, los que tuvimos sueños de parejas y hogares, los que tuvimos gato, o perro, y los que no tenemos nada. Los que viajamos, los que lo intentamos, los que perdimos, los que perdemos, los que perderemos, esos somos. Los que no acumulamos, nos resbala la serenidad y la desidia nos crece como mala yerba. Ansiosos, depresivos, blanca la piel tras las ventanas de casa para no gastar, los que cruzamos la noche como bultos sospechosos sin hacer ruido, los que bajábamos la vista, los que nos pusimos a tu lado sin ninguna razón, como animales pequeños que se dan calor en la torpeza, los que mentíamos en la pregunta ¿De qué trabajas?, los que mentíamos en la pregunta, ¿qué tal te va?, en la pregunta ¿cómo estás? porque somos nosotros los que arrastrábamos el cuerpo y nos sentíamos culpables por todo y por todos. 

Somos nosotros a los que el autobús nos escondió en su tripa, los que escuchábamos en nuestros cascos el lenguaje encriptado del mundo que lo explicaba y no hacía tanto frío. Los que teníamos amigos y grupos de amigos, pero éramos y somos solitarios, amputados de felicidad duradera, siempre sobre ella la niebla de la melancolía o del miedo.

Nosotros los apuñalados de culpa, los apaleados por el mercado laboral y la esperanza, los que no encajamos, los que tampoco huimos, los que llamamos a los amigos y los amigos eran esposos, los que llamamos a las amigas y las amigas eran esposas, los que llamamos a los amigos y los amigos eran padres, los que llamamos a los amigos y el pasado no responde, ha cambiado de teléfono. 

Somos nosotros los que soñamos un pedazo de estabilidad llamado oposición o trabajo fijo, los que apuntamos los ojos a un pedazo estable de mundo y ahí establecer nuestro pequeño comedero y nuestro pequeño cubículo.
Somos nosotros los que respirábamos ansiosos en las cuevas secretas de los libros, los que recogíamos su discurso abandonado, los que escribimos en el lenguaje que nadie entiende, los poetas sin público, los escritores de nadie, los débiles que queríamos salvar el mundo con nuestros subrayados en el papel. 

Somos nosotros los que estamos enfangados de pasado, de aquella gota de pasado feliz que no nos deja vivir,
los que probamos alquimias de arte y se nos olvida hacer la comida,
los que probamos equilibrios de arte y se nos olvida mirar al frente y nos golpeamos,
somos nosotros los que no tendremos hijos, los que apuraremos el vaso, los que construiremos la nada, los que estamos mezclados con el barro y la grasa.

Los que bañamos todas las brújulas en el sabor dulce del amor, los que creímos en su certeza ineludible, en su verdad, en su delicada manera de hacernos dichosos con un pan compartido, con una lengua compartida, con las cerezas del deseo. Fuimos nosotros los que pusimos toda nuestra paz en un dedo llamado amor y el dedo se quebró y el gimnasta al suelo. Nosotros los que recuperamos poco a poco el habla después del amor, los que, otra vez,
sobre aquel dedo atrofiado, toda nuestra paz y nuestro futuro y de nuevo llegó la fractura, pero nosotros no sabemos otro baile, otra posición en el mundo, otro camino más verdadero que aquel, a pesar del hundimiento.  

Somos nosotros los que cambiamos los pilares de la casa por tendones, por músculo para aguantar los golpes, para caminar o salir corriendo, para huir
y somos nosotros los que, en esta pandemia de desconsuelo y desesperación, de ansiedad y dudas, de tristeza y soledad, no nos sentimos solos porque siempre hemos estado solos, recolectores de frustración ya no nos frustramos,
fieles del volver a empezar no nos asustamos por la derrota general,
expertos en la frustración no nos frustra la caída de los sueños generales,
la caída del sistema que nos arrinconó,
del sistema que nos señaló con el dedo y nos hizo diminutos,
nosotros, los condenados a mascar y digerir desconsuelo nos consolamos con el volver a empezar,
nosotros, los amputados de esperanza tenemos esperanza por un mundo nuevo,
nosotros, los astillados y marcados de cicatrices no tememos las nuevas heridas,
nosotros, los que perdimos la fe en aquel mundo mantenemos la fe
para el mundo que viene.