20 de mayo


Los más, los muy, los que gritan

miremos a quien se gana nuestra atención, a quien tiene que aportar algo de valor, no a los más, a los muy, a los que gritan. Como en el colegio, poner la atención en ellos nos va a hacer perder el tiempo, encabronarnos y terminemos en una espiral de odio con aquellos que no aceptan el diálogo y solo imponen el ruido. No merece la pena, ni el tiempo, ni la energía.

Pensemos en las enfermeras y enfermeros que siguen dejándose los cuernos en los hospitales para salvarnos y no salen dando gritos, ni insultando, y eso que se han jugado la vida y nos han salvado a nosotros. Tomemos su ejemplo, bajemos la cabeza y busquemos cómo acabar con el virus, no con nuestros (supuestos) enemigos. 

Pensemos en cómo crecer, es el momento, tenemos tiempo. Pensemos en toda la gente inteligente y valiosa que nos han dejado los relatos de sus vidas en libros. Seamos más humildes, acudamos a ellos para seguir aprendiendo, dejemos de hablar tanto y escuchemos a los demás, a aquellos que no necesitan gritar, a aquellos que se atrevieron a ser sinceros, honestos y valientes en su oficio de decir y ahí están, esperando en la estantería, mientras el ruido de los que gritan nos llega multiplicado por la televisión, las redes sociales e incluso la calle. Hagamos lo que nos nutre y nos hace sentir bien, no lo que nos mete en el barro. No sirve de nada y es bastante estúpido salir a la calle sin las condiciones sanitarias adecuadas para condenar el ruido (o el fascismo) porque nos convertimos en peligro para los demás. 

Basta ya de héroes y heroínas que solo buscan llamar la atención y dejar que crezca su ego. Pongamos nuestro foco, nuestra energía, donde puede dar frutos, no donde solo hay odio y estupidez porque de ahí no va a crecer nada.

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